miércoles, 14 de octubre de 2009

Un fracaso absoluto y rotundo

   Mi muerte fue un fracaso....
   Me hace gracia la frase porque de todos modos -que nadie se haga ilusiones- no fue algo tan distante de aquello que fue mi vida.
   Mi muerte fue lo más parecido a la de un estúpido, un tarado o un imbécil.
   Una muerte tan anónima y borrosa que no mereció un párrafo, una línea, una palabra, no sólo de alguien que Ud. conozca sino de alguien que -personalmente- haya conocido yo mismo.
   Para aclarar alguna duda que le surgió a la única persona que se interesó -un juez de paz que cumplió con una especie de interés burocrático diría yo- no fue un suicidio, ni un accidente, ni siquiera muerte natural. Fué una muerte anónima, sin motivo, sin premeditación y por supuesto no fue el producto de un arranque de locura o de pasión.
   Fue como el apagarse, ¿cómo lo podría explicar?,  de una bombilla eléctrica. O mejor, fue como si la bombilla se quemara. Algo así.
   Ah, ¡ya se me ocurre!, fue como cuando el coche no arranca a la mañana y no hay plata para arreglarlo. ¿Me explico? Queda así, sin arreglar, abandonado.
Siempre, en algún momento, un tío viejo pregunta, ¿che... a este auto qué le pasa?. Pero lo pregunta -no nos engañemos- porque busca algún tema para hablar.
   La cosa es que cuando hoy comento -en ronda de cerveza entre amigos- que mi muerte fue un fracaso absolutamente todos se deshacen en frases que en su exceso y grandilocuencia desnudan una cruel hipocresía.
   Así que hoy -ya con el conocimiento de causa que otorgan los años- llegué a la conclusión que mi muerte, como mi nacimiento, fue un absoluto y rotundo fracaso.

4 comentarios:

Liza escribe dijo...

Yo sí sé que es ficción.

Claudio García dijo...

jajaja... Bueno Liza... No se lo contaremos a nadie...
Un beso

Angus dijo...

Excelentes letras.

Claudio García dijo...

Gracias Angus...