jueves, 31 de mayo de 2007

El hermano

Estimado Sr. López:

De acuerdo a lo conversado oportunamente le informo de lo actuado en el caso de la desaparición de su hermano.

Tengo que reconocer que, en principio, el caso nos dejo perplejos. Si bien en sus comienzos parecía uno de los tantos en los que nuestra agencia se especializa, con el transcurrir del tiempo la falta de pistas sobre su posible paradero nos fue llevando a un callejón que aparentemente no tenía salida.

Para su información -y lo podrá corroborar Ud. en el informe detallado que confeccionó el departamento contable- interrogamos a su familia, vecinos, amigos y compañeros de trabajo sin resultado alguno. Nadie lo conocía íntimamente, había estado en su casa o compartido una taza de café con el.

Su madre nos contó que desde que termino el secundario y se fue a vivir solo perdió el contacto. Sus vecinos apenas lo veían entrar y salir de su casa. Sus compañeros de trabajo lo recordaron como un hombre aplicado aunque solitario y de pocas palabras.

Novia no tenia. No por lo menos que nosotros supiéramos.

Este caso nos insumió gran cantidad de horas/hombre y muchas noches de seguimientos y vigilancias sin resultado alguno.

Yo, en lo personal, dedique la mayor parte de mis noches tratando de dilucidar este rompecabezas al cual le faltaban casi todas las piezas.

Sin embargo, como Ud. bien lo sabe, es para nosotros una cuestión de honor el llevar a buen puerto cada uno de los casos que se acercan a nuestra organización.

Fue así que -ya cerca de cerrarlo por falta de resultados- se me ocurrió una idea. Recuperé su legajo -en donde constaba todo lo actuado con sus correspondientes pruebas- de la bandeja de entrada del departamento de archivo y me puse a trabajar.

Mi hipótesis -al principio- resultó -inclusive para mis subordinados- una extravagancia pero a medida que se iban recolectando evidencia aparecía como casi la única posible.

Ya el caso esta terminado. Hace unos momentos he firmado -luego de recibir el ultimo testimonio con sus correspondientes fotos- el informe final. En él encontrará Ud. un detalle pormenorizado de los gasto, el personal interviniente y el tiempo que cada uno de ellos dedico al caso.

Sin embargo Sr. le le puedo adelantar, con todos los datos a la vista, que nuestra conclusión es que su hermano nunca desapareció sino que apareció Ud.

Ante la gravedad del caso, comprenderá que hemos debido informar a las autoridades del resultado de nuestra investigación aunque -como deferencia hacia Ud. por ser nuestro cliente- lo espero en mi oficina para ampliarle la información y detallarle los motivos que nosotros suponemos que Ud tuvo para realizar este hecho y encomendarnos el caso.

Sin mas lo saluda atte.

jueves, 24 de mayo de 2007

El monte

El terreno era extenso. Una importante porción de él estaba cubierta por un denso monte. El resto era césped y árboles frutales. En el medio, una humilde aunque cómoda casita.

Él estaba contento, hacía tiempo que buscaba un lugar así para descansar de las tensiones de la semana. "Desenchufarse" lo llamaba.

Unos pasos atrás, el vendedor, atento, observaba cada uno de los movimientos de sus ojos, de las expresiones de su boca, del ritmo de su respiración, intentando predecir el futuro de la operación.

--¿Cual sería el precio final? -pregunto el.

--Si realmente le interesa podríamos tener una atención --respondió aliviado el vendedor.

Él no era tonto. Tantos años en los negocios, a veces con políticos, le habían desarrollado el entrenamiento necesario para percibir cierta ansiedad en la voz, o en la velocidad para contestarle, de su interlocutor. Meses después comprendió que en lo que se equivoco fue en sus razones

--Si es así vayamos a su oficina a cerrar la operación --le dijo dándole un ultimo vistazo al monte que dominaba el terreno

Por primera vez en mucho tiempo se sentía feliz. Ese lugar para el representaba el merecido fruto de muchos años de trabajo y esfuerzo.

No tardó en instalarse. Llevo en un camión una mesa, cuatro sillas, una cama, un ropero, vajilla, sabanas, frazadas, utensilios de aseo para el baño y una reposera.

Durante su primer día en el lugar fue al pueblo a hacer compras y, ya de vuelta, se hizo un asado. La siesta la durmió en la reposera arrullado por el sonido del viento entre los árboles del monte.

Esa tarde paseo por los caminos de tierra aledaños. A la noche, luego de unos mates a modo de cena, se fue a dormir a la habitación que había preparado en la casita.

A la medianoche se despertó. Del monte el murmullo de la tarde se había intensificado. Salió a la puerta con una linterna. "Que raro, no hay viento" pensó. Se acercó lentamente a la densa sombra de los árboles siguiendo el circulo de luz de su linterna mientras el sonido se iba apagando a cada paso que daba.

El no era ni un hombre temeroso, ni falto de carácter pero la situación le extraño. "Será algún tipo de pájaro" reflexiono y resueltamente volvió a su cama.

Esa noche no durmió, el ulular de monte se mantuvo constante, con altibajos, durante toda la noche.

A la mañana temprano, luego de un mate cocido con galletas, se dirigió resuelto a investigarlo. No encontró nada. Solo árboles, arbustos, pájaros y alguna que otra liebre que se escapó a su paso.

Ya al anochecer el ruido del monte otra vez comenzó a hacerse sentir. Suavemente al principio pero con mas y mas fuerza a medida que promediaba la noche.

No se dejo amedrentar, se levanto de la cama, agarro un viejo revolver -recuerdo de su abuelo-, la linterna y se dirigió resueltamente al motivo de su desvelo.

Sin embargo cuando llego a los primeros árboles el silencio era denso. El haz de luz no revelo nada aunque esta vez la investigación la realizo a fondo. Al volver a su casa el profundo ulular había reanudado

Tampoco esa noche durmió y al día siguiente -trascurrido el fin de semana- volvió a la ciudad para retomar su rutina de trabajo. No estaba bien descansado, sus tareas las realizo descuidadamente y de vuelta a su hogar el descanso no fue reparador. El misterio de monte ejercía sobre el una atracción hipnótica. No podía dejar de pensar en el lamento que provenía de su interior y las causas que lo provocarían.

Así pasaron los meses. Cada fin de semana volvía a su casita del campo investigando, indagando, revisando cada centímetro de su superficie buscando una explicación que no existía.

Luego de varios años, una mañana, un vecino que, camino a su trabajo cortó camino por el monte, lo encontró muerto entre los árboles aferrado a una linterna con las baterías agotadas.

jueves, 17 de mayo de 2007

Rocco

Su vida estaba signada por una rutina que no había cambiado por años: llegar de trabajo, llenar el cuenco de comida balanceada de Rocco -su gato-, cambiarle el agua, prender el televisor, preparar su propia comida, abrir una cerveza, mirar su serie favorita, lavar los cacharros sucios, tomar la pastilla -que en su momento le había recetado el médico- e irse a dormir.

Esa mañana cuando se despertó sintió que algo estaba fuera de lugar. En ese momento no se dio bien cuenta que, pero la sensación persistió aun cuando salió a su trabajo y continuó a lo largo de todo el día.

Esa noche cuando volvió a su casa -ya cansado- vio que la comida que el día anterior había servido al gato no fue tocada.

"¿Dónde esta Rocco?", pensó.

Lo busco en su sillón favorito, en el lavadero, sobre las pilas de ropa sucia y aún debajo del sofá -donde alguna vez supo esconderse- pero el gato no estaba.

Abrió la puerta del jardín. Lo recibió la oscuridad de los árboles y el murmullo del viento entre las hojas.

--Rocco!!!! --grito.

En una torre lejana se prendió la luz de un departamento.

--Rocco, Rocco!!! --insistió.

La luna asomo entre las nubes.

Se metió nuevamente en su casa, cerrando cuidadosamente con llave la puerta y comenzó a buscarlo por todos lados, aún en aquellos donde sabía -íntimamente- que no podía estar.

No encontró nada.

Se acerco al teléfono y dudo un instante hasta que se decidió.

--Hola, soy yo, el dueño de Rocco. ¿Que tal?, ¿cómo estas?, decíme, ¿por casualidad lo viste en tu jardín? -preguntó.

Escucho unos minutos y se despidió.

Realizo mas llamadas pero ninguno de sus vecinos había visto al gato.

Esa noche no prendió el televisor, tampoco se cocinó nada ni abrió su cerveza. Se hizo un sándwich que acompaño con un vaso de agua.

Cuando termino, dejo sus cosas en la mesa y se quedo ahí mismo, sentado en el silencio de su casa. No se fue a dormir a su cuarto. Durmió de a ratos un entrecortado sueño matizado de pesadillas que jamás recordó.

A la mañana siguiente, cansado, se fue al trabajo.

Ese día todo salio mal. Las cuentas no sumaban, en el stock había faltabantes, los despachos no llegaban a horario.

Por fin el día terminó.

Volvió a su casa.

El cuenco de comida del gato estaba vacío. Alrededor de su vasija de agua había un charco con las marcas de sus patas.

El tomó el cuenco, le puso comida balanceada. cambió el agua, limpió la suciedad en el suelo y se puso a cocinar.

Prendió el televisor y tarareando una vieja canción abrió una cerveza.

viernes, 11 de mayo de 2007

Flores

Para mi, ese dia de trabajo habia terminado en Flores. No se bien donde, porque nunca habia estado antes en aquel lugar del barrio. Busque un bar con mesitas a la calle para sentarme un rato y descansar. Encontré uno en una esquina y pedi un cafe.

Enfrente, en diagonal, una plaza. Sobre mi vereda una iglesia. La Av. Rivadavia llenas de coches, colectivos y camiones que iban y venian. Cada centimetro que alcanzaba mi vista lleno de negocios y gente. En el aire, ruido, humo y trozos de conversacion deshilvanados.

Aunque en esa epoca del año los dias eran mas largos las luces que se iban prendiendo de a poco marcaban el anochecer.

En la plaza de alineaba desordenadamente la gente esperando los colectivos que -me imagine- los llevarian a sus hogares. Las mujeres cargaban bolsos de un contenido indescifrable, empujaban los cochecitos de sus hijos. Del otro lado presentí una estación que descargaba oficinistas, empleadas, obrerosy secretarias.

Mi día habia sido duro. Pedi una cerveza.

En la vereda de la iglesia, un santo, prisionero en una caja de cristal y cemento. A sus pies flores.

"Flores", pensé, "como el nombre del barrio". Estaban prolijamente desordenadas. La mas nuevas junto a las marchitas. La imagen se reservaba sus pensamientos.


Un hombre arrastraba un carro lleno de lo que parecian botellas, chapas, papel. Junto a é,l dos chicos revisaban las bolsas de basura que los comerciantes comenzaban a dejar frente a sus negocios, buscando algo de valor. Las damas y los caballeros se apartaban discretamente de su paso.

Ya era de noche. La unica zona oscura que había quedado era la plaza. Ya no habia mas gente, solo sombras presurosas.

Una cuadrilla trabajaba en la mitad de la calle arreglando algo con una máquina que levantaba el pavimento. Los coches hacian señales con sus luces, tocaban bocina y se desviaban para seguir su camino.

La cerveza me habia relajado.

Pague la cuenta y me fui.

jueves, 3 de mayo de 2007

Las piedras

Esta vez sintió urgencia por pasar unos días en su casita de la playa. Hacia tiempo que había sobrepasado sus propios limites y necesitaba tiempo y espacio para pensar.

La llegar, luego de dejar sus pocas cosas en la rustica cabaña bajo a la playa.

El mar estaba sereno y
una fría neblina llegaba desde la bahía, atravesando los bosques. Respiro profundo. "Tal vez ahora podré reflexionar un poco sobre todo lo sucedido" pensó.

El atardecer lo sorprendió con los ojos perdidos en el mar. El sol -como siempre lo hace en esas latitudes- teñía de de rojo sus pensamientos. La luna lo devolvió a su casa.

A la mañana siguiente se levanto temprano para salir a correr. En la playa no había nadie y mientras dejaba velozmente sus pisadas en la arena el aire fresco lo hizo sentir nuevamente vivo.

Cuando el ritmo de su trote lo fue acercando al horizonte vio una diminuta figura sentada junto al mar. Curioso fue disminuyendo su carrera hasta que pudo distinguir a una mujer, vieja, andrajosa -que le hizo recordar aquellas brujas de los cuentos, hablando sola. "¿Que esta haciendo?" se pregunto extrañado, "aquí no hay nadie".

Ya caminado, cunado estaba por pasar a su lado , ella se paro y, cruzándose en su camino, mirándolo a los ojos le dijo: "no tengas miedo, yo conozco tu problema".

El no supo que fue lo que hizo que detuviera: si lo intempestivo de su frase, si la curiosidad, porque le produjo gracia la soberbia de su afirmación o tuvo miedo de que ella -por alguna oscura razón- supiera algo.

--¿De que hablas? --le preguntó-- ¿Qué sabes?

--Me lo dijeron las piedras --aseguro ella volviéndose a sentar a la orilla del mar como si él no existiera.

-¿-Que piedras? --pregunto extrañado

--Las que hay en el bosque, en ellas brilla tanto el pasado como el futuro.

--
Muy bien, entonces llévame a verlas --dijo él, extrañado de su propio comportamiento.

La mujer, sin decir palabra, se volvió a incorporar pesadamente y comenzó a caminar hacia el limite del bosque.

--No te van a servir de nada sino crees --le anunció

--Como sabes que no creo?

No le contestó y caminaron en silencio un rato. El bosque cada vez se hacia mas denso. Él -por un momento- tuvo ganas de regresar pero la curiosidad se hizo cada vez mas fuerte.

De pronto llegaron a un claro donde, en el centro, sobre una cuna de hojas, brillaban tres enormes piedras que le parecieron diamantes.

--Son estas? --pregunto tontamente. Pero ya estaba solo. La mujer había desaparecido.
Se acerco a ellas y -sin tocarlas- se quedo mirándolas. La luz, entre los árboles creaba curiosas formas ante sus ojos.

Nunca nadie supo que paso durante las horas que estuvo allí -absorto- mirando sus brillos. Ni siquiera él mismo recuerda como volvió a su casa. Lo que si se sabe es que esa noche durmió con una paz que los últimos meses no le habían otorgado.

A la mañana siguiente -como si nada hubiera pasado- volvió a levantarse temprano para realizar su trote matutino por la playa. Luego de unos largo minutos vio a la figura junto a la playa como si nunca se hubiera movido de allí.

Corriendo se acercó a ella hasta detenerse

--Lo viste le pregunto?

Y mientras retomaba el aire luego de su veloz carrera asintió y
movió la cabeza con lentitud, sonriendo y sudando.